Nos parece extraño que un grupo de buzos que realiza la misma inmersión tenga resultados descompresivos distintos entre sus integrantes hasta el extremo de que sólo alguno pueda tener una enfermedad descompresiva y el resto no. Diferentes estudios analizaron las características de cada buzo para poder encontrar una explicación al respecto.
Los riesgos de la enfermedad por descompresión (ED) tras las inmersiones están relacionados con la presencia y cantidad de embolias gaseosas vasculares (EGV) al salir a la superficie. Estas EGV se cuantifican mediante el sistema Doppler y las ecocardiografías precordiales, lo que permite ver la variabilidad en cada buzo y relacionarla con la susceptibilidad de cada uno de ellos.
Que dos personas hagan exactamente la misma inmersión no significa que sus cuerpos reaccionen iguales. Los accidentes de buceo bajo las mismas condiciones de profundidad y tiempo ocurren porque el riesgo no depende solo de las tablas de descompresión o de los algoritmos descompresivos, sino de una combinación de pequeñas fallas técnicas, de los comportamientos del buzo y sus factores fisiológicos.
Sobre estos factores hay algunas hipótesis como por ejemplo: los procesos metabólicos individuales, la ventana de oxigeno o las burbujas estáticas de cada tejido que pueden actuar como precursores de EGV tras la inmersión. Esto quiere decir que aunque el perfil de la inmersión sea idéntico, la forma en que cada cuerpo absorbe y libera el nitrógeno varía según el día, la persona y factores internos que son desconocidos por el buzo, como el caso del Foramen Oval Permeable (FOP).

Simplificando las opciones y llevándolas a una forma práctica que las podemos manejar tenemos:
LA DESHIDRATACIÓN: Esta condición tiene una incidencia en inmersiones superiores a los 30 a 40 minutos. La sangre espesa transporta y elimina peor los gases inertes.
EL TEJIDO ADIPOSO: Este tejido retiene el nitrógeno por más tiempo que el músculo . Una mala condición cardiovascular altera la respuesta del cuerpo bajo presión.
EL ALCOHOL Y EL MAL DESCANSO: Estas dos condiciones alteran el intercambio gaseoso.
EL COMPORTAMIENTO Y EL ESTRÉS: La generación de errores aumentan la incidencia de la formación de burbujas.
Ante un problema menor, como puede ser la entrada de agua en la máscara, un buzo experimentado mantiene la calma, mientras que otro puede entrar en estrés, agitarse y realizar un ascenso rápido descontrolado, lo cual es la causa principal de los accidentes graves.
Un buzo ansioso respira más rápido y superficialmente (hiperventilación). Esto provoca un consumo alarmante de aire y una retención de dióxido de carbono que aumenta el riesgo de narcosis y modifica el intercambio gaseoso.
FACTORES TÉCNICOS Y DE EQUIPO: Un buzo con mal control de flotabilidad puede estar constantemente subiendo y bajando de forma sutil (perfil de sierra), lo que genera una enorme inestabilidad en la liberación de gases y multiplica el riesgo de descompresión.
Un regulador mal calibrado que ofrece resistencia al respirar, un traje demasiado ajustado que limita la circulación, o llevar un lastre excesivo obligan al buzo a realizar un esfuerzo físico mucho mayor que el de su compañero.
RESUMIENDO: Como buzo responsable, es fundamental mantener el buen estado físico y el entrenamiento básico para manejar las diferentes técnicas y lograr una buena flotabilidad que nos ayude a resolver cualquier inconveniente debajo el agua y lograr así un buceo confortable y seguro.
Juan José Rodríguez